Madrugar o no madrugar

Esa es la cuestión. Es un tema que suele salir en las conversaciones de la cena, madrugar o no madrugar, un dilema según algunos.

En el último “camino de caminos“, como le llamó alguien, resultaba que la gente le llamaba madrugar a levantarse cuando es de noche y salir a caminar antes de las ocho, que a mediados de octubre significa andar con la frontal porque no se veía el camino hasta las 8,30h.

No se trata de llegar pronto para coger cama, porque en estas fechas no hay necesidad y porque yo solía andar por las tardes, hasta las cinco, las seis o incluso las ocho de la tarde.

No es fácil explicárselo al que no tiene costumbre de empezar a andar de noche, pero a mí se me ocurren, por lo menos, una docena de razones para madrugar:

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