Vadiniense y un poco más allá

Quería hacer un camino de los largos, pero no disponía de más días. Como tenía pendiente de terminar el Vadiniense, volví para atrás para tomar carrerilla y empecé en San Vicente de la Barquera, mojando los pies en el Cantábrico con la intención de no parar hasta volver a mojarlos en el Atlántico.

Más que un camino parece una sopa de letras: Lebaniego, Vadiniense, Salvador, Primitivo, Muxía y Fisterra. En cifras: 26 días, 815 kilómetros y 21.000 metros de desnivel subidos y otros tantos bajados. Sale un promedio alto, pero es como fueron viniendo las cosas. Unas veces por problemas de alojamiento y otras por aprovechar el buen tiempo las etapas se fueron alargando.

Empecé con un mal planteamiento de la segunda etapa, entre Quintanilla y Potes, que resultó la más dura de todas las que he hecho en cualquier camino, con 31 km de recorrido pero con casi 1.600 metros de desnivel de ascenso y los mismos de descenso. Al día siguiente, para descansar, casi 1.300 metros de subida y al siguiente, para seguir descansando, otros 1.000 metros más. El resultado es que en cuatro días se hacen entre subidas y bajadas 7.900 metros de desnivel, que sería algo así como hacer cuatro días seguidos la etapa de Saint Jean Pied de Port a Roncesvalles.

Después de eso, el resto del camino parecía todo llano y había días que el cuerpo rodaba solo. También influyó que muchos días andaba mañana y tarde, y en uno en concreto casi me pilla la noche.

Ha sido un octubre muy benévolo con el tiempo, solo cuatro días realmente pésimos, de los de llover desde el inicio hasta el final de la etapa sin descanso. Otros siete días de algo de lluvia, nubes, nieblas, etc. y casi quince días de sol, por lo que apetecía realmente andar por las tardes con buena temperatura.

Días duros físicamente como el mencionado segundo día, además de otros como la etapa entre Riaño y Cistierna, de La Mesa a Fonsagrada, Campomanes a Oviedo o la de Oviedo a Grado, que siendo corta me resultó muy pesada. También días muy buenos, como el de Potes a Portilla de la Reina, Arcahueja a La Robla o el de La Espina a Pola de Allande, por ejemplo.

El hecho de hacer etapas largas o poco convencionales hace que cada día vas dejando atrás la gente que vas encontrando y cambias continuamente de compañeros. Experiencias con la gente, caminantes o locales, ha habido de todos los colores, de muy buenas a otras para olvidar.

En el tema de los alojamientos algo parecido. Varios albergues muy buenos: Gradefes, La Robla, Castroverde, As Seixas, Dumbría, pero el mejor con diferencia uno privado en el Primitivo: Albergue El Cruce, en La Espina, de donativo. El mejor por equipamiento, localización y sobre todo el trato de Carmen. Cenas memorables también, como la de O Caldeira en Fonsagrada o la de la Nueva Allandesa, en Pola de Allande.
También los ha habido malos para olvidar o, mejor dicho, para no repetir: el Albergue La Torre en Arcahueja, privado, en el Francés, y el Albergue O Rueiro, en Vilaserío, en el camino a Fisterra y también privado. En ambos casos por trato, instalaciones y precio.

En el Vadiniense soledad completa, absolutamente nadie en ocho días, ni caminantes ni paseantes ni transeúntes, nadie fuera de las poblaciones. Algo que obliga a tomar precauciones como comunicar cada día, a quien sea, la ruta prevista aproximada y cada noche confirmar la situación o los cambios sobre el itinerario previsto, porque durante la etapa he tenido varios días sin cobertura.

El Vadiniense desemboca en el Francés en Puente Villarente. Mi primer Francés (que mal suena eso), aunque no vi a nadie caminando, supongo que porque era por la tarde. Si me sorprendió el exceso de señalización, flechas por triplicado en cada cruce, flechas cada 50 metros en las poblaciones, algo desconocido en los otros caminos.

En el Salvador noté varios cambios sobre la última vez. Aparte de algunas desafortunadas pistas que han modificado el terreno y el camino, si parece que se está “afrancesando” algo. Carteles publicitarios entre las etapas, gente sin ninguna preparación ni consciencia de donde se estaba metiendo, algún hospitalero mintiendo para desviar a la gente a otros albergues, los del síndrome de amontonador compulsivo de piedras, etc. También había más gente, sin excesos, alguna etapa con ocho personas y alguna etapa completamente solo.

En el Primitivo ya se notó el cambio con más gente caminando, aunque sin agobios. Mezcla de procedencias, la gran mayoría extranjeros, y de estilos, a pie, con burro, a caballo, con taxis, pero ningún ciclista.

A partir de Melide por supuesto aumento de gente, no solo en las poblaciones donde los bares estaban saturados de gente con mochila, sino incluso con varios caminando. Allí es donde me sorprendió la habilidad que tienen algunos para meter todo el equipo en mochilas de 5 litros, cuando a mí me supone hacer un puzle para meterlo todo en una de 30 o 35 litros. En Santiago todo lo bueno y malo habitual pero sorprendentemente sin lluvia, desconocía que había esa posibilidad.

En el camino a Muxía y Fisterra el cambio es considerable. Gente que se nota que lleva tiempo andando porque hacen etapas largas. Muchas mujeres y la mayoría, casi todas y todos extranjeros, mayoritariamente parientes del Tío Sam. En un albergue en el que estábamos 15 o 20 personas, yo era el único que hablaba normal. Habitualmente pienso que soy un bicho raro, pero conforme me voy acercando a Fisterra se me pasa, porque allí paso desapercibido entre todo el personal místico-esotérico que parece que se siente atraído por el sol. La última vez que estuve aquí estaba nublado y a la misma hora no había más de 20 personas, entre caminantes y visitantes de vacaciones.

Como siempre, lo malo no sucede en el camino, lo realmente malo es el día después.

 

Por etapas, kilómetros, metros ascenso, metros descenso:

  1. San Vicente de la barquera – Quintanilla, 26.6 km, +703 m, -478 m
  2. Quintanilla – Potes, 31.2 km, +1.572 m, -1.536 m
  3. Potes – Espinama, 28.5 km, +1.278 m -704 m
  4. Espinama – Portilla de la Reina, 20.7 km, +969 m, -628 m
  5. Portilla de la Reina – Riaño, 20.7 km, +290 m, -395
  6. Riaño – Cistierna, 37.9 km, +639 m, -811 m
  7. Cistierna – Gradefes, 24.7 km, +182 m, -273 m
  8. Gradefes – Puente Villarente – Arcahueja, 33.2 km, +267 m, -261 m
  9. Arcahueja – León – La Robla, 39 km, +611 m, -504 m
  10. La Robla – Poladura de la Tercia, 23.6 km, +649 m, -381 m
  11. Poladura de la Tercia – Campomanes, 31.2 km, +1.134 m, -1.979 m
  12. Campomanes – Oviedo, 41.9 km, +743 m, -905 m
  13. Oviedo – Grado, 27.1 km, +571 m, -771 m
  14. Grado – La Espina, 31.6 km, +1.186 m, -607 m
  15. La Espina – Pola de Allande, 39.7 km, +1.155 m, -1.299 m
  16. Pola de Allande – A Mesa, 22.8 km, +1.026 m, -693 m
  17. A Mesa – A Fonsagrada, 42.7 km, +1.477 m, -1.414 m
  18. A Fonsagrada – Castroverde, 34.3 km, +963 m, -1.337 m
  19. Castroverde – Lugo, 23 km, +374 m, -519 m
  20. Lugo – As Seixas, 33.7 km, +845 m, -679 m
  21. As Seixas – Arzúa, 31.3 km, +751 m, -946 m
  22. Arzúa – Santiago de Compostela, 40.5 km, +783 m, -865 m
  23. Santiago de Compostela – Vilacerío, 35.8 km, +923 m, -835 m
  24. Vilacerío – Dumbría, 31.3 km, +571 m, -728 m
  25. Dumbría – Muxía – Virxe da Barca, 26.4 km, +577 m, -773 m
  26. Muxía – Fisterra – Faro de Fisterra, 36.1 km, +792 m, -803 m

 Total: 815.5 km, +21.031 m, -21.124 m

Y por caminos:

  • Lebaniego, 2 etapas
  • Vadiniense, 5.5 etapas
  • Francés, 1 etapa
  • Salvador, 3.5 etapas
  • Primitivo, 10 etapas
  • Muxía y Fisterra, 4 etapas

 

 

 

 

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